
Que difícil se hace el asimilar que luego de tantos años, nos separemos. Para ser exacta 13 años juntos. Trece años de amistad, amores de infancia, peleas, reconciliaciones, llanto y alegría. Por mi parte aún no asimilo que ya nada será como antes, no estaremos juntos una gran parte del día, no tendremos a nuestro lado a aquellas personas que con tan solo una palabra podían alegrarte el día.
El primer día, donde la incertidumbre rondaba el lugar, todos mirándose las caritas preguntándose quienes eran estos otros niños, y con una tímida sonrisa y una mirada inocente algunos se acercan y saludaban. Nadie sabía que ese día iba hacer el primero de muchos más que vendrían, que junto a esas personitas creceríamos, no solo en estatura, si no como persona. Aprenderíamos de cada uno y seríamos muy amigos unos con otros y si Dios lo quiso, Amigos hasta siempre.
Gracias a Él, tuve la oportunidad de estar esos trece años con ellos, aprendiendo a conocer a cada uno, a unos más que otros. Y, a medida del tiempo hacer amistades con algunos, y con otros a pesar de no ser tan unidos trataba de ayudarlos en lo que sea necesario.
Dios sabe que cada uno de ellos era especial todos se destacan en algo, y si hubiera faltado alguno de ellos un día, el curso no hubiera sido lo mismo. Siempre están, los compadres, esos que siempre trataban de demostrar más de lo que eran, aquellas personitas tímidas que trataban de pasar desapercibidos y que tenían su mundo, ¡esas amistades eternas!.
Le doy gracias, a todas esas personas que cuando necesitaba una gotita de esperanza, no dudaron en dármela, personas que a pesar de que aprendí a esconder las heridas, sabían que un apretón de manos o un golpecito en la espalda me haría sentir mejor. Gracias por hacerme crecer como persona, a demostrarme muchas veces que la respuesta a mis preguntas estaba más cerca de lo que yo imaginaba. ¡Uf!, ustedes que cada día iluminaban mi camino, que fueron un pilar fundamental en mi vida, y que sin ustedes yo me hubiera derrumbado, gracias por hacerme sonreír y hacer mi día el mejor.
Sólo yo y Dios, sabemos el amor enorme que les tengo, y ahora que nos toca seguir adelante pero por caminos separados, siempre tengan en cuenta que para cualquier cosa estaré, que Su fuerza principal son ustedes mismos, y que siempre miren adelante con esperanza, porque sin esperanza no hay vida.
¡Los extrañaré! … por siempre.